Es una Casa de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, situada al Norte de la Ciudad de México a pocos metros de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
Su finalidad es hospedar a las Hermanas que van de Peregrinación de cualquier parte de la República Mexicana o hermanas de otras Naciones que vienen con el mismo objetivo, o que llegan para atender algún asunto específico, como un curso, visitas a sus familiares, o simplemente para estar a los pies de Nuestra Morenita del Tepeyac, quien es Nuestra Madre Santísima y Patrona Principal de Nuestra Familia Misionera.
Nace el 10 de febrero de 1964 con una meta: “Hacer de la Comunidad Educativa una comunidad de Fe, de Trabajo y de Amor”. Donde la Beata Madre María Inés dejaría por medio de sus hijas los ideales de: “Una formación integral de la persona humana desarrollada en sus tres
dimensiones: Individual, social y trascendente para Ver y Formar a Cristo en el alumno”. Su nombre “Scifi” acoge el apellido de Santa clara de Asís, modelo de mujer moderna que en el medievo sacudió prejuicios de clases sociales, con mejores perspectivas de vida buscó elevar el nivel cultural. “Lux Est Vita” La luz de la Vida.
La misión de “La Florecilla” nace del corazón de la Beata M. María Inés Teresa del Santísimo Sacramento en Mayo de 1974, con el objeto de formar una comunidad de familias indígenas provenientes del grupo étnico Tzotzil fortalecidas en su Fe.
El CEFIMMI surge a partir de la situación precaria y muchas veces marginada de la mujer indígena. Cuenta con un internado para niñas y jovencitas provenientes de diferentes comunidades y en algunos casos, del DIF (Desarrollo Integral para las Familias), cuando la mujer indígena ha sido víctima de violencia familiar o de abandono.
Su objetivo es formar integralmente a la mujer indígena desde su niñez, ofreciéndoles un ambiente óptimo para que desarrollen y fortalezcan sus habilidades técnicas e intelectuales y con ello puedan forjarse un mejor futuro para sí mismas y para sus familias, en sus lugares de origen.
La apertura de esta casa tuvo como prioridad la formación de agentes laicos de pastoral y fue la última que aprobó aún en vida nuestra Madre fundadora María Inés Teresa del Santísimo Sacramento.
La Casa Manuelita de Jesús quedó establecida el 19 de diciembre de 1963. Esta misión fue solicitada por el Excmo. Sr. Delegado Apostólico en México, Dr. Luigi Raimondi y aceptada por la Beata Madre María Inés Teresa Arias Espinosa, Fundadora de la Familia Inesiana y aprobada por el entonces +Excmo. Sr. Obispo Samuel Ruiz García.
En 1974 se funda la casa de formación de Arandas Jalisco, con el objetivo de detectar y cultivar vocaciones para la vida religiosa así como realizar actividades de pastoral vocacional y apostolado con la juventud.
En el año 2012, se abrió la casa de Atotonilco con la finalidad de continuar el trabajo Pastoral, la formación de niños, jóvenes misioneros, catequistas y ministros de la Eucaristía.
El fin apostólico que mueve a la Beata Madre María Inés para la fundación de la Casa de Guadalajara en 1976, fue el contribuir en la formación humana, moral, religiosa y espiritual de jóvenes empleadas y estudiantes.
Con el paso del tiempo, la residencia para jóvenes cerró sus puertas y se transformó en una casa de cuidado y atención para las hermanas mayores y enfermas, que han pasado su vida al servicio de Dios y a los hermanos en la vida misionera.
La Casa Madre es la cuna de nuestra Congregación de Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, y sede del gobierno de la Región de Santa María de Guadalupe en México. Es donde Nuestra Beata Madre Fundadora, María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, inicia de la mano de Jesús Eucaristía y acompañada de María Santísima de Guadalupe, el proyecto misionero, que más adelante se convertiría en las Misioneras Clarisas.
Su construcción se inició en el año de 1944, y la naciente comunidad llegó a vivir ahí en 1947, cuando sólo estaba construida la planta baja. Poco a poco, y con la ayuda de la Divina Providencia, el esfuerzo de Nuestra Madre y de las hijas, la casa se fue construyendo hasta lo que hoy conocemos.
Actualmente, esta casa realiza varios apostolados, en áreas que abarcan la pastoral social, la pastoral sanitaria y pastoral penitenciaria.
sta casa fue la Primer Casa General de nuestra Congregación, se construyó y se pagó con el esfuerzo de todas las hermanas, en el año de 1963.
En mayo de 1969, se transforma como Casa de Formación y al mismo tiempo Nuestra Madre parte a Roma con el fin de transferir a aquel lugar, la Casa Generalicia.
Atendiendo al Mandato Misionero que Cristo nos dio, las Hermanas iniciaron su labor apostólica en 1991 trabajando con personas de escasos recursos, llevando a cabo círculos bíblicos, catequesis, adoración al Santísimo y celebración de la Santa Misa.
Posteriormente, se creó la radio de evangelización con la Unión de Enfermos Misioneros (UEM) y un grupo más de Van-Clar para jóvenes.
La fundación de la comunidad de Monterrey se inició en agosto de 1954.
Nuestro primer apostolado fue en el Colegio para niños, Francisco G. Sada y posteriormente en el Colegio Isabel la Católica, creado para los hijos de obreros y empleados de la Cervecería Cuauhtémoc.
Además de la atención a los Colegios, las hermanas en colaboración con las familias dieron formación humano-cristiana a la comunidad, fundando así el grupo Van Clar en sus diferentes secciones.
La casa de Mazatlán surge a partir de la solicitud a nuestra congregación de hacernos cargo del Colegio Niños Héroes en esta ciudad. Nuestra misión es educar a niños y niñas de nivel primaria, cuyas familias pertenecen a un nivel socioeconómico medio-bajo.
En 1965 nace el Colegio Sonora a partir de la inquietud de un grupo de Padres de Familia, encabezados por el Sr. Ignacio Ruiz Serrano, que deseaban para sus hijos un colegio de inspiración Cristiana dirigido por religiosas.
Desde entonces se ha transformado hasta lo que es ahora, una institución católica, bilingüe y de educación integral personalizada. Todo gracias a la colaboración entusiasta de los Padres de Familia que en cada generación han dejado huella.
San José fue el esposo de la Virgen María y el padre adoptivo de Jesús. La Biblia nos lo presenta como un hombre bueno, justo y trabajador. Era carpintero y artesano, y con su esfuerzo cuidó y sostuvo a la Sagrada Familia.
Su vida nos enseña el valor del trabajo hecho con amor y dedicación, y cómo desde lo sencillo se puede colaborar en los planes de Dios.
San José es patrono de toda la Iglesia, y también es copatrono de nuestra Congregación, las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento. Desde los inicios, Madre María Inés lo eligió como protector de esta obra misionera, confiando en su ayuda y guía para acompañar a los misioneros en su camino.
Hoy seguimos sintiendo su cercanía, su silencio lleno de fe y su protección como padre amoroso.
La Virgen de Guadalupe se apareció en 1531 a Juan Diego, un hombre sencillo y creyente, en el cerro del Tepeyac (hoy parte de la Ciudad de México). Le pidió que se construyera un templo en ese lugar, como muestra de su amor y cercanía con su pueblo.
Desde entonces, la Virgen de Guadalupe es una madre muy querida, especialmente por los pueblos de América Latina. Ella es un símbolo de consuelo, esperanza y ternura para quienes confían en su intercesión.
Para nosotras, las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, la Virgen de Guadalupe tiene un lugar muy especial. El 12 de diciembre de 1930, durante su profesión religiosa, nuestra fundadora Madre María Inés Teresa vivió una experiencia espiritual profunda: sintió en su corazón que la Virgen le prometía acompañarla en su misión y darle las gracias necesarias para tocar los corazones de muchas personas
Desde ese día, María de Guadalupe es nuestra patrona y madre espiritual, y sabemos que camina con nosotras en cada paso de nuestra vocación misionera.
La alegría es una marca que queremos llevar siempre. Nuestra sonrisa no es solo por fuera, es una expresión de lo que sentimos por dentro: una gratitud profunda por ser llamadas por Dios y amadas por Él. Esa alegría brota de sabernos suyas, de saber que nuestra vocación es un regalo.
Para nosotras, Jesús en la Eucaristía lo es todo. Él es quien nos guía, quien nos ama y nos da fuerza. La misa, la adoración, y todo lo que rodea al Santísimo Sacramento es el centro de nuestra vida. Es el alimento que nos nutre el alma y el corazón.
Tenemos un cariño muy especial por la Virgen María. Ella es nuestra Madre, nuestra guía y nuestro refugio. En especial, reconocemos a la Virgen de Guadalupe como nuestra patrona. A Ella le confiamos nuestros sueños, nuestras misiones y la conversión de las almas.
Nuestra forma de ser misioneras no siempre es viajando o predicando con palabras. Muchas veces nuestra misión es rezar, ofrecer sacrificios y estar disponibles para ayudar en la conversión de los corazones. A través de la oración y el servicio, buscamos acercar a las personas al amor de Dios.
Sentimos que Jesús nos invita a seguirlo muy de cerca, como lo hizo en su vida pública, entregándose completamente a los demás. Nosotras también queremos vivir así: dándonos sin reservas y agradeciendo la oportunidad de ofrecer nuestra vida por amor, igual que lo hizo Él. Queremos ser una especie de «ofrenda viva», unidas a Jesús Sacerdote, para el bien de todos.